
Durante esta Revolución, la familia de Carlos Augusto, se vio forzada a salir de territorio francés, debido a la persecución en contra de la clase alta a la que él pertenecía, y así partieron a Alemania.
Era la plena época pre-capitalista; la primera etapa de la Revolución Industrial se encontraba en su apogeo en el Reino Unido, extendiéndose por toda Europa; con ella, surgía la gran era de las máquinas y los progresos técnicos y científicos. Era una economía basada en la industria y la manufactura, sin duda, fue una época de importante crecimiento y desarrollo tecnológico, en donde los niños también jugaron un papel importante, ya que fueron empleados en las fábricas, atendiendo alguna máquina de hilar y tejer; aunque con largas jornadas laborales (pero que en algunos casos) gracias al trabajo ofrecido durante esta época, muchos niños tuvieron una forma de enfrentar y ganarse la vida. Este fue el contexto histórico en el que se desenvolvió la infancia de Mons. Forbin Janson y con ella, la de los niños europeos.
Diez años después del exilio en Alemania, Carlos Augusto regresa a Francia, y a los 24 años de edad ingresa al seminario de San Suplicio. Después de haberse convertido en sacerdote y de haber tomado diferentes cargos, regresó a París para instruir a los infantes de la Parroquia de San Suplicio; tiempo después, es nombrado Obispo de Nancy, Francia.
Después de haber insistido en ir de misiones al continente asiático (viaje que nunca se concreta) Mons. Forbin Janson llega a Canadá; y desde ahí se entera (a través de cartas de los misioneros) de la difícil situación de la pobreza y esclavitud que aquejaba a los niños del continente de raza amarilla.
Esta situación principalmente, fue la que conmovió profundamente el corazón de Mons. Forbin Janson y fue así como decidió fundar la Obra que legó a los niños, la "Santa Infancia" que consistió en "ayudar a los niños a través de los niños" sembrando un espíritu y conciencia misionera en la Infancia y Adolescencia de todo el mundo.
Gracia
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